Vehículos autónomos: niveles e impacto social
Casi todos los coches que circulan hoy están en el nivel más bajo de la escala. Lo interesante es imaginar qué pasa con la ciudad, el trabajo y la salud cuando se llegue al más alto.
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Conseguir que una máquina haga algo complejo sin que nadie la vigile es uno de los grandes retos de la inteligencia artificial, y cada año se supera un poco más. En el caso del automóvil, la pregunta interesante ya no es solo técnica. Si algún día los coches totalmente autónomos dominan las carreteras, cambiará la forma de vivir, de trabajar y de relacionarse, y conviene pensarlo antes de que llegue.
La escala de la autonomía
La SAE, la asociación internacional de ingenieros de automoción, y la NHTSA, la agencia de seguridad vial de Estados Unidos, usan la misma escala: seis niveles que van del 0, un coche manejado por completo por una persona, al 5, un vehículo que no necesita a nadie. Empresas como Tesla, Ford, Toyota, Uber o Volvo llevan años trabajando para alcanzar ese último escalón. La escala sirve para algo muy práctico: saber qué puede hacer de verdad un coche que se anuncia como autónomo.
Niveles 0, 1 y 2: conduce la persona
En el nivel 0 no hay ninguna función automática. Quien va al volante lo hace todo, y más del 80 % de los vehículos que circulan hoy siguen en este punto.
En el nivel 1 el coche se encarga de una sola tarea cada vez, casi siempre relacionada con la seguridad: mantener el coche dentro de su carril o adaptar la velocidad a la del vehículo que va delante. Quien conduce sigue al mando y atento en todo momento. Muchos coches recientes ya lo traen, y funciones que hace unos años eran extras de catálogo se están convirtiendo en equipamiento de serie.
En el nivel 2 el coche combina varias de esas funciones a la vez: dirige y se mantiene en su carril, frena solo ante un obstáculo y regula la velocidad según el tráfico. El Autopilot de Tesla es el ejemplo más conocido y, por mucho que su nombre sugiera otra cosa, exige que el conductor vigile la carretera durante todo el trayecto.
Nivel 3: autonomía con condiciones
A partir del nivel 3 el coche conduce solo, pero únicamente en situaciones concretas, normalmente con buen tiempo y dentro de una zona delimitada. El Audi A8 presentado en 2017 iba a ser el primer coche de serie con esta capacidad gracias a su Traffic Jam Pilot, pensado para los atascos. La marca anunció esta primavera que no llegará a activarlo en la generación actual porque en casi ningún país existe todavía un marco legal para homologarlo.
Niveles 4 y 5: sin conductor
El nivel 4 describe un vehículo totalmente autónomo dentro de unos límites de velocidad y de terreno. Nadie tiene que controlarlo durante el viaje, aunque puede ser necesario que una persona tome el relevo cuando el sistema llega al borde de lo que sabe hacer. No hay ningún coche de nivel 4 a la venta.
El nivel 5 es la autonomía completa: cualquier carretera, cualquier clima, sin zonas geográficas acotadas y sin necesidad de que nadie intervenga. Tampoco existe todavía en versión comercial. Waymo, la filial de Alphabet, y Zoox, que Amazon acaba de comprar, están entre las empresas que trabajan para llegar a él.
Coches pensados para no conducirlos
Un parque de coches de nivel 5 transformaría la sociedad de maneras que hoy solo se intuyen. El primer cambio sería el propio coche. Sin palanca de cambios, sin volante y sin pedales, el habitáculo quedaría libre para trabajar, descansar o entretenerse durante el viaje.
El permiso de conducir dejaría de ser imprescindible. Niños y personas mayores podrían desplazarse sin depender de nadie, y lo mismo ocurriría con quienes hoy no pueden conducir por una discapacidad visual o motora, para los que el coche autónomo supondría una independencia que el transporte actual no siempre les da. La jornada laboral, por su parte, podría empezar al subir al coche, respondiendo correos de camino a la oficina, y el tiempo de viaje dejaría de ser tiempo perdido.
Oficios que cambian
Como toda tecnología que transforma un sector a fondo, esta también hará que algunos empleos y empresas cambien o desaparezcan. Ha pasado con las tiendas de barrio frente al comercio electrónico y con los videoclubes frente a las plataformas de vídeo bajo demanda. Las compañías cuyo negocio es poner un conductor al servicio del cliente, empezando por el taxi, tendrán que reinventarse para seguir teniendo sentido. El impacto no se limita al transporte de personas: camioneros, repartidores y conductores de autobús forman uno de los colectivos laborales más numerosos de cualquier país, y la automatización de su trabajo abrirá un debate sobre recolocación y formación que conviene empezar pronto.
El alquiler de coches tal como se conoce hoy también cambiará. El seguro del automóvil, al menos en su forma actual, perdería buena parte de su razón de ser. Y la búsqueda de aparcamiento en las zonas más saturadas dejaría de ser una batalla diaria.
Menos muertes en la carretera
Según el informe mundial de la OMS sobre seguridad vial de 2018, cada año mueren alrededor de 1,35 millones de personas en las carreteras del mundo, y entre 20 y 50 millones más sufren lesiones. Más del 90 % de los accidentes se deben a errores humanos, con el alcohol, la velocidad excesiva y las distracciones a la cabeza. Un coche autónomo no bebe, no corre por impaciencia ni mira el móvil. Hay estimaciones que hablan de más de un millón de vidas salvadas al año cuando estos vehículos sean mayoría.
Los beneficios van más allá de las víctimas evitadas. Las lesiones por accidente de tráfico consumen muchos recursos sanitarios, y reducirlas liberaría camas, quirófanos y horas de rehabilitación para otros usos. Con menos choques, los fabricantes podrían recurrir además a materiales más ligeros, como la fibra de vidrio, y construir coches que gasten menos. Y un historial de seguridad sólido es lo que necesita cualquier marca para que la gente confíe en el nuevo medio de transporte.
Espacio para la ciudad
Los coches ocupan una parte enorme del espacio urbano, y la mayoría del tiempo lo ocupan parados. Un coche particular, de uso exclusivo de su dueño y su familia, pasa cerca del 97 % de su vida sin moverse. Si la propiedad individual deja paso al uso compartido, cada vehículo trabajará muchas más horas y harán falta muchos menos. Las calles y solares que hoy sirven de aparcamiento quedarían libres para otros usos.
El centro de estudios RethinkX lleva esa lógica al extremo en su informe Rethinking Transportation 2020-2030. Sostiene que los coches autónomos pertenecerán sobre todo a grandes flotas que venderán el transporte como servicio, quizá propiedad de los propios fabricantes. Sus cifras para Estados Unidos son drásticas: el número de turismos caería un 80 % hacia 2030, de 247 a 44 millones, y la fabricación anual de coches nuevos un 70 %.
Menos humo
Todo indica que los coches autónomos serán eléctricos. Eso supone abandonar el petróleo como fuente de energía para el transporte, reducir las emisiones de carbono y, con ellas, su contribución al calentamiento global, además de mejorar el aire que se respira en las calles. El beneficio real dependerá de cómo se produzca la electricidad que los mueva.
Lo que falta por resolver
Hacer que la tecnología funcione es solo una parte del trabajo. Las ventajas empujan en esa dirección, y es probable que los coches autónomos acaben siendo mayoría en las próximas décadas, pero antes hay que resolver los problemas legales y regulatorios, empezando por quién tiene la culpa cuando un coche sin conductor causa un accidente. El despliegue exigirá planificar y regular en común entre muchos actores, desde fabricantes y aseguradoras hasta ayuntamientos y legisladores.
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