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Arcén

Apuntes sobre cómo nos movemos por la ciudad

57 artículos · 2016–2026

Ciudad y multimodalidad

Covid-19, la oportunidad para recuperar más espacio público para la movilidad sostenible

El confinamiento ha vaciado las calzadas y ha dado a peatones y ciclistas un espacio que no tenían. Falta saber cuánto de ese espacio seguirá siendo suyo.

· 4 min de lectura

Durante semanas, las autopistas más transitadas del mundo han estado casi vacías. Alrededor de un tercio de la población mundial ha pasado por algún tipo de confinamiento, y desde comienzos de enero el número de viajeros del transporte público ha caído más de un 80 % a escala global. El teletrabajo se ha impuesto allí donde era posible.

La ciudad, sin embargo, no se ha parado del todo. Médicos, enfermeras, cajeros de supermercado, farmacéuticos y repartidores han seguido yendo a trabajar cada día, y el resto, confinado o no, ha tenido que salir para comprar lo imprescindible.

Las calles, para andar

Con la desescalada, muchos ayuntamientos han empezado a reorganizar la calle para que la gente pueda salir a pasear o a hacer deporte guardando la distancia. Las medidas se parecen de una ciudad a otra: carriles bici nuevos, calzadas cerradas al tráfico y cambios provisionales en la circulación.

En España lo han hecho Madrid, León, Oviedo, Granada y muchas otras, que han cortado calles al coche en franjas horarias para que los vecinos caminen sin agolparse en las aceras. Fuera, varias ciudades de Estados Unidos y Canadá han cerrado o limitado el paso de vehículos en algunas vías, y Berlín, Bogotá y Ciudad de México han sumado kilómetros a su red ciclista, porque la bicicleta se ha convertido en el sustituto preferido del coche mientras dure el distanciamiento. Nunca se había pedido con tanta insistencia que las aceras fueran más anchas.

Otras medidas son fáciles de aplicar pero caras para quien presta el servicio, en un momento en que sus ingresos ya se han hundido. Medio centenar de ciudades, como mínimo, han dejado de cobrar el autobús. Al menos diez, Londres y Glasgow entre ellas, ofrecen gratis la bicicleta compartida, y una docena o más han suspendido el pago del aparcamiento en la calle.

El transporte interurbano, el más castigado

El golpe es aún mayor fuera de la ciudad. En los peores momentos del estado de alarma, el avión, el tren y el autobús han perdido hasta el 98 % de sus viajeros. El ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, José Luis Ábalos, ha anunciado ayudas para garantizar la liquidez de un sector que considera de los más castigados por la crisis y de los que más tardarán en recuperarse. Según el ministro, sus homólogos de Francia, Alemania e Italia coinciden en pedir que la Unión Europea apoye al transporte y movilice inversiones.

Prudencia en las administraciones

Ayuntamientos y operadores reaccionan como pueden ante algo que nunca habían vivido. Muchos todavía temen animar a la gente a usar la bicicleta compartida o a subir al autobús más de lo necesario, y menos aún se atreven a quitar carriles de coche de forma permanente para dárselos a las personas. Aun así, a medida que las ciudades españolas avanzan de fase, vuelven a funcionar las bicicletas compartidas y hasta las motos de alquiler por minutos.

Quienes defienden una ciudad más sostenible ven en esta crisis la ocasión de conseguir, o de acercarse a, lo que llevan años pidiendo: más espacio para caminar y para el transporte limpio, restado al coche, como forma de reducir atascos, emisiones y víctimas de tráfico.

El coche vuelve

Hay datos que apuntan en sentido contrario. El Real Automóvil Club de España (RACE) prevé que el coche particular gane peso en la movilidad que viene. Lo atribuye a la obligación de mantener dos metros de separación, al temor al contagio en el metro o el autobús y a la reducción del aforo que imponen las autoridades para evitar un rebrote.

El club ha medido esa intención. Entre el 16 y el 19 de abril entrevistó a 1.187 conductores sobre sus hábitos durante el confinamiento. El 20 % de quienes iban al trabajo en transporte público piensa pasarse al coche, y lo mismo el 25 % de quienes iban andando.

China ofrece una pista de lo que puede venir. En una encuesta hecha a finales de febrero a 1.620 personas, el coche privado pasó del tercer al primer puesto entre los medios de transporte preferidos, por delante del autobús y del metro.

Densidad y contagio

Algunos analistas creen que el virus dejará una herida larga en el transporte público y en la propia densidad urbana. El argumento tiene un punto débil: la experiencia de muchas ciudades asiáticas muestra que un entorno denso puede contener una enfermedad infecciosa si se toman las medidas adecuadas. El contagio depende más de la previsión que de la densidad.

Lo que ocurra con los carriles y las calles provisionales en los próximos meses dirá qué lectura se impone. Si se retiran con la vuelta a la normalidad, el coche recuperará su sitio y probablemente algo más. Si se consolidan, la pandemia habrá hecho en semanas lo que muchos planes de movilidad no consiguieron en años.

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