Covid 19, la oportunidad para recuperar más espacios públicos para la movilidad sostenible

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La lucha contra el coronavirus ha paralizado las ciudades. Aproximadamente un tercio de la población mundial ha estado bajo confinamiento, el tráfico de vehículos casi ha desaparecido en las carreteras y autopistas más transitadas del mundo durante semanas. La cantidad de pasajeros en el transporte público ha disminuido en más del 80% a nivel global desde principios de enero. El teletrabajo también ha pasado a ser una prioridad en todos los puestos donde es posible aplicarlo. Pero los trabajadores esenciales (médicos, enfermeras, tiendas de comestibles, farmacéuticos, conductores de reparto y otros) aún viajan diariamente, y las personas estén aun confinadas o no en sus hogares aún deben hacer viajes para obtener artículos de primera necesidad.

Por otra parte, para intentar volver a la normalidad y permitir que las personas puedan salir de sus hogares a hacer deporte o pasear, muchos gobiernos a nivel local están tomando medidas para ayudar a que ese movimiento ocurra más fácilmente: están desviando nuevos carriles para bicicletas, reestructurando la organización de la movilidad en las ciudades, cerrando algunas calles al tráfico de vehículos y tomando otras medidas de transporte temporales.

Esto ha sucedido en Madrid, León, Oviedo, Granada y largo etcétera a lo largo y ancho de nuestro territorio, donde las ciudades han habilitado horarios especiales para que las personas puedan pasear por algunas calles previamente cerradas al trafico rodado para que puedan pasear guardando las distancias de seguridad. No solo en España se ha adoptado este tipo de medidas, algunas grandes ciudades del mundo han tomado medidas similares. Varias ciudades de EE. UU. Y Canadá, han detenido temporalmente o limitado el acceso a vehículos en determinadas calles para ayudar a caminar, andar en bicicleta y tomar un respiro al aire libre de acuerdo con las pautas de distanciamiento social. Bogotá, Ciudad de México y Berlín han ampliado los carriles ciclistas para dar una mejor cobertura a las bicicletas, que se han convertido en la elección favorita para sustituir al automóvil en estos momentos de distanciamiento social. En todo el mundo, las voces que piden aumentar el espacio en las aceras urbanas para permitir un uso peatonal más seguro son más numerosas que nunca.

Otros cambios son técnicamente fáciles de aplicar, pero difíciles de tomar por parte de los proveedores de servicios por su impacto económico (ya muy golpeado por el COVID-19) como por ejemplo las medidas que al menos 50 ciudades han tomado, donde han suspendido las tarifas de los autobuses. Al menos diez, entre ellas Londres y Glasgow, han puesto sus servicios de bicicletas compartidas gratuitos, y al menos una docena (que no se muestran en el mapa) han suprimido las tarifas de estacionamiento.

En cuanto al transporte interurbano y aéreo, el ministro apuntó a la articulación de ayudas para su recuperación, mediante iniciativas dirigidas a garantizar su liquidez, al reconocer que se trata uno de los sectores de los “más impactados” por la crisis y uno de los que más tarde se recuperarán.

Tanto el transporte en avión, como el ferroviario y el de autobús han registrado un descenso de viajeros de hasta el 98% en los momentos más críticos como consecuencia de las restricciones a la movilidad impuestas en el decreto del estado de alarma para contener la pandemia.

En este sentido, Ábalos indicó que cuenta con el acuerdo de sus homólogos de Francia, Alemania e Italia para reclamar también “apoyo y movilizar inversiones” para el sector en el marco de la UE.

Los gobiernos locales y los servicios de transporte están respondiendo como mejor pueden antes una situación sin precedentes. En muchos lugares, las autoridades aún temen alentar a los residentes a usar las bicicletas compartidas o a compartir los autobuses más allá de lo estrictamente necesario, y muchos menos, eliminar de forma permanente los carriles de tráfico para dejar paso para las personas. En cualquier caso, en muchas ciudades española en función de sus fases actuales podemos ver como se están restableciendo servicios tales como las bicicletas compartidas, incluso los servicios de motosharing.

En cualquier caso, los defensores de la sostenibilidad urbana ven esta crisis causada por el COVID-19 como una oportunidad para ver cumplidas o al menos acercase más a algunas de sus reivindicaciones, como, incrementar los espacios peatonales y de transportes sostenibles en detrimento de los automóviles como una medida para reducir la congestión, las muertes por accidentes de tráfico y las emisiones de carbono.

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Pero esta postura entra en conflicto con las predicciones que hacen el Real Automóvil Club de España (Race), que prevé un incremento del uso del vehículo privado motivado por el distanciamiento social de dos metros entre personas, el miedo a contagiarse en el transporte público o la reducción del aforo de pasajeros para evitar un nuevo repunte de la pandemia, que van a hacer que el vehículo privado gane más espacio en la nueva movilidad pos-Covid-19.

Según su último informe sobre hábitos y uso del transporte durante el confinamiento -realizado del 16 al 19 de abril mediante 1.187 entrevistas a conductores- se destaca que el 20 % de los que iban al trabajo en transporte público planean empezar a usar su coche, al igual que el 25 % de los que iban andando.

Por otra parte, otra encuesta realizada a finales de febrero entre 1.620 ciudadanos chinos revela que el miedo al coronavirus ha hecho que el coche privado haya pasado del tercer al primer lugar como medio de transporte preferido en detrimento de autobuses y metro.

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Algunos analistas prevén que el coronavirus dará un golpe fuerte y duradero a los transportes públicos de pasajeros y a la propia densidad urbana. Eso a pesar del hecho de que la propagación de enfermedades infecciosas se puede controlar en entornos densos con las medidas oportunas, como lo han demostrado muchas ciudades asiáticas.

Fuentes: 1, 2, 3, 4.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Cuando todo vuelva a la “normalidad” ¿De verdad podremos prescindir de transporte público?
    ¿Qué pasará con los atascos de tráfico en la hora punta, cuando todos entran y salen del trabajo, si cada uno va en su propio coche?
    ¿Y si aprovechamos la oportunidad de compartir de camino al trabajo, algunos asientos libres que desperdician los coches (más de 4 millones al día, en una gran ciudad)?
    ¿Donde hay más probabilidad de contagio: Si vas en un autobús con otras 50 personas (que no conoces de nada); o si vas en coche con otra persona (o un par de ellas, que tienen el trabajo en tu misma dirección)?

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