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Arcén

Apuntes sobre cómo nos movemos por la ciudad

57 artículos · 2016–2026

Ciudad y multimodalidad

Mejorar la señalización y la iluminación para aumentar la seguridad vial

Los coches han cambiado por completo en un siglo; las señales que los rodean, mucho menos. La luz, el sensor y el dato empiezan a cerrar esa brecha.

· 6 min de lectura

Un coche actual puede frenar por sí solo y avisar al conductor si se sale del carril. Uno de hace cien años no tenía ni cinturón. En poco más de un siglo el automóvil ha ganado muchísimo en eficiencia y en seguridad, empujado por una innovación que no se ha detenido. Lo que rodea al vehículo ha ido mucho más despacio. Las señales, los cruces y los sistemas de control del tráfico apenas han cambiado en décadas, y en algunos casos siguen como estaban.

La seguridad en carretera no depende solo del coche. La vía, sus señales y la forma en que se resuelven las intersecciones pesan tanto como los sistemas de a bordo a la hora de evitar un accidente. Este repaso se centra en una parte concreta de ese entorno: la luz.

Qué se le pide a una señal

Cualquier señal luminosa en calles y carreteras tiene que cumplir unos requisitos para servir de algo. El primero es el contraste: la luz que emite debe destacar sobre el entorno en función de las condiciones de visibilidad y del uso previsto.

La señalización en general cumple tres funciones. Advierte de un peligro, informa de una norma que está en vigor y orienta al conductor, para que sepa dónde está, adónde va y qué tiene que hacer para cambiar de dirección. Las señales de balizamiento añaden otra: impedir el paso por determinadas zonas o marcar el camino a quien circula.

Varias tecnologías recientes aplican luz inteligente a esas funciones.

Balizas en los pasos de peatones

Los atropellos son uno de los accidentes más frecuentes en ciudad y están entre los que más muertes causan. Detrás suele haber un despiste del conductor o una visibilidad mala.

Una respuesta sencilla son las balizas luminosas colocadas a lo largo del paso de cebra. El peatón pulsa un botón y una fila de balizas emerge del suelo con luces rojas y blancas que avisan a los coches de que alguien está cruzando. El sistema puede ir acompañado de una señal sonora para personas ciegas, y es posible añadirle un registro de uso que sirva después para estudiar si funciona.

El municipio madrileño de Brunete tiene un sistema de este tipo. Usa ledes de alta luminosidad y bajo consumo que se ven de día y de noche, y está preparado para aguantar el mal tiempo y el paso de los coches por encima.

Cruces inteligentes en carretera

En las carreteras convencionales, los cruces son uno de los puntos más peligrosos. La DGT llama a su solución sistema de advertencia dinámica en intersecciones, aunque se la conoce como cruce inteligente.

La lógica es la siguiente. Cuando un vehículo se acerca al cruce por una vía secundaria, unos sensores lo detectan y encienden un panel luminoso que avisa al conductor de la vía principal, el que tiene preferencia, de que alguien va a incorporarse. El aviso llama su atención con tiempo para que reduzca la velocidad. El equipo es autónomo, porque estos puntos negros suelen estar en lugares apartados: se comunica por GPRS, no necesita cableado y se alimenta con energía solar.

La DGT puso en marcha los primeros en 2016 en cuatro intersecciones elegidas por su siniestralidad: la N-VI en León (kilómetro 399) y en Madrid (kilómetro 56), la N-113 en Navarra (kilómetro 78) y la N-634 en A Coruña (kilómetro 676). Entre 2012 y 2014 esos cuatro puntos habían acumulado 48 accidentes con víctimas, con 3 muertos y 74 heridos.

El sistema se apoya en la comunicación entre vehículo, infraestructura y vehículo, lo que en el sector se llama car-to-X, y funciona en varias fases:

  1. Los sensores instalados en la calzada detectan el vehículo que se aproxima al cruce por la vía secundaria.
  2. Envían la señal a la estación de procesamiento de datos (EDP), que activa el panel y alerta a quien circula por la vía principal.
  3. Si el vehículo se detiene en la línea de stop, los sensores siguen enviando señal y el panel se mantiene encendido mientras esté parado.
  4. Cuando arranca y cruza, el aviso sigue activo lo que dura la maniobra, unos tres segundos, aunque el tiempo exacto depende de la geometría de cada cruce.

Semáforos para carriles bici

La inteligencia artificial y la tecnología led también se están aplicando a los semáforos, con el objetivo de reducir choques y atropellos en las intersecciones que comparten coches, bicicletas y peatones.

Interlight, una empresa española, ha desarrollado un semáforo pensado para los carriles bici. Cuando un peatón se dispone a cruzar, el sistema avisa al ciclista con marcas luminosas en el suelo y en señales verticales, para que extreme la precaución. Las luces se activan solas cuando el semáforo está en rojo para los coches y el sistema detecta a un peatón en el paso.

El sistema funciona ya en Córdoba, en Roquetas de Mar (Almería) y en Courbevoie, cerca de París. Además cuenta las bicicletas que circulan y mide la temperatura y la presión atmosférica, así que cada semáforo hace también de pequeña estación meteorológica.

Pasos de cebra que se iluminan

Cada vez más ciudades instalan pasos de peatones iluminados que avisan al conductor antes de que llegue. Son útiles donde la visibilidad es escasa y el coche no ve el paso hasta el último momento, y también en días de lluvia o niebla y en la circulación nocturna.

Lo habitual es un poste luminoso en cada acera, los dos encendidos a la vez, y paneles led empotrados en el asfalto. Solo se encienden cuando el sistema detecta a alguien que va a cruzar, así que el consumo es bajo. Y a la larga salen más baratos que la pintura, porque no hay que repintar las franjas cada cierto tiempo.

Marcas viales con luz propia

La misma Interlight trabaja en carriles bici inteligentes que dejan un rastro luminoso para indicar al conductor a qué distancia tiene al ciclista. Se basan en placas led colocadas en horizontal y encastradas en el asfalto, sin resalte, para que no estorben a quien pedalea.

La empresa ya ha instalado marcas viales luminosas en pasos de peatones de muchas ciudades españolas y sostiene que la técnica es barata y fácil de instalar. Son losetas que se colocan a ras del pavimento tras abrir una pequeña ranura. Entre los desarrollos en curso del sector figuran un sensor de niebla que encendería las marcas viales en color amarillo cuando baja la visibilidad y otro que las pondría en rojo al detectar frenazos bruscos más adelante.

Coste y mantenimiento

Ninguna de estas soluciones exige rehacer una carretera ni reurbanizar una calle, y todas son baratas si se comparan con el coste humano y económico de un accidente grave. El punto débil está en el mantenimiento. Un paso de cebra pintado se deteriora a la vista de todos; una baliza que no se levanta o un sensor que ha dejado de funcionar pueden pasar meses sin que nadie lo note. Los datos que estos sistemas recogen deberían servir también para eso: saber cuáles fallan y dónde merece la pena instalar el siguiente.

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