Aparcando el automóvil (II): alternativas para movilidad a media distancia
Segunda parte del repaso a las alternativas al coche propio. En la media distancia manda el coche con conductor que se pide desde el móvil.
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Pasados los 8 kilómetros, la bicicleta y el patinete dejan de ser cómodos para la mayoría de la gente. Entre esa cifra y los 25 kilómetros, la alternativa al coche propio que más terreno ha ganado es el vehículo con conductor que se pide desde el móvil, sea para ir solo o compartiendo trayecto con otros pasajeros que llevan una ruta parecida. Lleva al usuario de un punto a otro cuando lo necesita y le ahorra, entre otras cosas, dar vueltas buscando aparcamiento.
Siguiendo el mismo análisis de CB Insights que sirvió de base a la primera parte, esta entrega se centra en esa distancia media.
Viajes de media distancia
Varias encuestas hechas en Estados Unidos apuntan en la misma dirección: quienes usan con frecuencia estos servicios tienden a renunciar a comprarse un coche nuevo. La conclusión no vale para todas partes. Donde hay mucha densidad, la oferta es abundante y los precios son bajos, el viaje compartido funciona como sustituto real del coche en propiedad; en las zonas dispersas, bastante menos.
Uber y Lyft dominan este mercado en Estados Unidos y han crecido muy deprisa. En julio, Uber anunció que había alcanzado los 10.000 millones de viajes desde su nacimiento en 2009. Lyft va por detrás en tamaño: facturó unos 1.000 millones de dólares en 2017, frente a los 7.500 millones de Uber, y su cuota ronda el 35 % del mercado estadounidense. Aun así, hoy sus ingresos crecen más rápido que los de su rival.
A algunos analistas les inquieta que Uber esté perdiendo impulso, pero el problema de fondo es otro y afecta a las dos. Ambas han comprado cuota con dinero: incentivos generosos para atraer conductores y tarifas rebajadas para ganar clientes. Esa política se come la rentabilidad, y las dos buscan ahora en la tecnología y en nuevos modos de transporte la forma de recortar costes y mejorar lo que ofrecen.
La carrera hacia la conducción autónoma
Aunque Uber y Lyft invierten con fuerza en bicicletas y patinetes, ninguna ha dejado de lado el coche autónomo. Las dos desarrollan su propia tecnología para incorporarla algún día a sus flotas. El motivo es sencillo: el conductor es el mayor coste de cada viaje, y prescindir de él permitiría bajar precios y ganar más dinero por trayecto al mismo tiempo.
La tecnología todavía no está lista para desplegarse a gran escala. Cuando lo esté, una flota de vehículos autónomos podría competir en precio con el coche en propiedad; algunas estimaciones sitúan ese momento dentro de los próximos diez años.
Lyft presentó en julio de 2017 una plataforma abierta para su programa autónomo, con la que colabora con proveedores de automoción como Magna y Aptiv en la arquitectura del vehículo y con Waymo y Drive.ai en el software. A la vez, intenta reducir costes empujando a sus clientes hacia el viaje compartido, en el que varias personas que van en la misma dirección comparten coche. Rediseñó su aplicación para dar más visibilidad a esa opción y desde entonces esos viajes han subido un 5 %. Su objetivo es que la mitad de sus trayectos sean compartidos en 2020, frente al 30 % actual.
Uber tampoco ha frenado su programa. Toyota acaba de invertir 500 millones de dólares en la compañía, y ambas han acordado usar monovolúmenes Toyota Sienna como base de la futura flota autónoma de Uber.
Todo el transporte en una aplicación
La otra gran apuesta de las dos empresas es dejar de ser solo un servicio de coches con conductor. Uber y Lyft se están extendiendo a la bicicleta compartida, al patinete y al transporte público, con la idea de reducir la dependencia del coche propio y convertirse en proveedores de movilidad multimodal. Empiezan por los mercados urbanos, que es donde las redes compartidas tienen más sentido.
Hay un modelo que ya funciona con este enfoque. MaaS Global, la empresa finlandesa detrás de la aplicación Whim, reúne en una sola plataforma transporte público y privado, del autobús a la bicicleta pasando por el taxi, en varias ciudades europeas. El usuario paga por viaje o contrata una suscripción mensual con trayectos ilimitados, al estilo de una tarifa plana. La acogida ha sido buena y los inversores lo han notado: en agosto cerró una ronda de unos 9 millones de euros.
En Estados Unidos, Uber ha ido completando su oferta por varias vías. Compró Jump Bikes, una empresa de bicicletas eléctricas sin estación fija. Se alió con Masabi, especialista en billetes de transporte público en el móvil. Lanzó Uber Rent con Getaround, la plataforma de alquiler de coches entre particulares. Y participó en la ronda de 335 millones de dólares de Lime, con la que ha firmado un acuerdo para ofrecer patinetes con doble marca dentro de su aplicación.
Lyft sigue el mismo camino. En julio anunció la compra de Motivate, el mayor operador de bicicleta compartida de Estados Unidos, y ese mismo mes dijo que lanzaría su propio servicio de patinetes compartidos.
La tercera y última parte de la serie llega a los viajes de más de 25 kilómetros. Ahí el coche sigue siendo el rey, y la competencia viene del carsharing y del alquiler de coches entre particulares.
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