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Arcén

Apuntes sobre cómo nos movemos por la ciudad

57 artículos · 2016–2026

Coche compartido y VTC

Descubriendo el carsharing (II): arquitectura tecnológica

Detrás del gesto de abrir un coche con el teléfono hay tres piezas que casi todos los operadores compran fuera. Segunda entrega de la serie.

· 3 min de lectura

La primera parte de esta serie explicaba qué es el carsharing y qué modalidades existen. Esta se ocupa de lo que más intriga a quien lo usa por primera vez: cómo se abre y se arranca un coche sin que nadie entregue una llave.

Entre particulares, la llave sigue ahí

Cuando el coche es de un particular, la tecnología importa poco. Plataformas como Socialcar sirven para encontrar el vehículo, cerrar el trato y cobrar, pero la entrega es física: dueño y usuario quedan en un sitio y la llave cambia de mano.

En las flotas, la llave desaparece

Con cientos de coches repartidos por la ciudad y sin nadie que los atienda, ese sistema no escala. Los operadores tienen que dejar entrar al cliente sin intermediarios.

El método más sencillo es una tarjeta sin contacto. Bluemove lo usa así: el cliente registrado recibe una tarjeta y el coche lleva un lector, casi siempre en la cara interior del parabrisas. Basta con acercarla para que se desbloqueen las puertas. En Bluemove la tarjeta solo abre; para arrancar se usa la llave original, que se queda dentro del coche, normalmente en la guantera. La cooperativa suiza Mobility Car Sharing sigue un procedimiento muy parecido.

Otros servicios cambian la tarjeta por la aplicación del móvil o por un código que se escanea. Cambia el gesto del usuario. La lógica de debajo es la misma.

Lo que va instalado en el coche

Casi ningún operador desarrolla estos equipos. Los compra a empresas especializadas que los montan en la flota, de modo que cualquiera con unos cuantos coches podría hacer lo mismo y lanzar su propio servicio. Son compatibles con prácticamente cualquier turismo que tenga cierre centralizado y toma OBD, la puerta de entrada al bus CAN, la red por la que se comunican los sistemas electrónicos del vehículo.

Con matices entre fabricantes, la arquitectura se repite:

  • Un módulo central conectado al bus CAN que, entre otras funciones, bloquea y desbloquea las puertas.
  • Un módem GSM/GPRS, dentro de ese módulo o en otro auxiliar, que mantiene el coche en contacto permanente con los servidores del operador. Por él la plataforma sabe dónde está cada vehículo y si está libre, y la aplicación puede enseñar al cliente el más cercano.
  • Un servidor que guarda las reservas y decide quién puede abrir qué coche.

El recorrido completo se sigue sin dificultad. El usuario reserva en la web o en la aplicación y el sistema anota que el cliente A tiene asignado el coche B. Al llegar, el cliente pasa la tarjeta, escanea el código o pulsa el botón del móvil. El módulo pregunta entonces al servidor si esa identidad tiene permiso sobre ese coche en ese momento y, si la respuesta es sí, abre.

Toyota ha presentado una solución propia, la Smart Key Box, que responde a este mismo esquema.

Quién fabrica estos sistemas

Entre los proveedores con más implantación están Convadis, OTA keys, Vulog, Metavera y C2G Logic. Madrid ofrece dos ejemplos cercanos. Emov, que circula con más de 500 Citroën C-Zero eléctricos, lleva en sus coches el sistema de Vulog. Respiro Car Sharing, también madrileño, trabaja con Metavera.

La tercera entrega deja la técnica y entra en el negocio: por qué crece el carsharing, qué modelos hay y cuánto dinero mueve.

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