La Movilidad de Última Milla: Retos y Soluciones para las Ciudades

La última milla es el tramo final de la cadena logística, el recorrido que separa un centro de distribución del destino final de un paquete o producto. Aunque representa apenas una fracción del trayecto total, este segmento concentra hasta el 53 % del coste total del envío y genera una proporción desmesurada de emisiones contaminantes en las zonas urbanas. En ciudades como Madrid, donde el comercio electrónico crece a un ritmo superior al 15 % anual, la última milla se ha convertido en uno de los grandes desafíos de la movilidad urbana.

Para las empresas de consultoría en movilidad conectada, entender y optimizar este tramo no es solo una cuestión logística, sino una oportunidad de transformar la manera en que las ciudades funcionan, respiran y se mueven.

¿Qué es exactamente la última milla?

El término última milla proviene originalmente de las telecomunicaciones, donde designaba el tramo final de cable que conectaba la red general con el domicilio del usuario. En logística, el concepto se ha adoptado para describir la fase más compleja y costosa de la distribución: la entrega final al consumidor.

En el contexto urbano, la última milla implica navegar por calles estrechas, respetar restricciones horarias de carga y descarga, encontrar espacio de estacionamiento y cumplir con las expectativas de rapidez que impone el comercio electrónico moderno. Un repartidor que circula por la Calle de Alcalá o intenta acceder a una vivienda en el barrio de Malasaña enfrenta realidades muy distintas a las de una ruta interurbana por autopista.

Los grandes retos en ciudades españolas

Congestión y espacio urbano

Madrid registra más de 3 millones de desplazamientos diarios en vehículo privado. A esta cifra hay que sumar las decenas de miles de furgonetas de reparto que circulan cada día, muchas de ellas concentradas en las mismas franjas horarias. La Gran Vía, una de las arterias comerciales más transitadas de Europa, sufre una saturación que ralentiza las entregas y multiplica los tiempos de trayecto.

La falta de zonas de carga y descarga suficientes obliga a los repartidores a aparcar en doble fila, generando un efecto dominó que agrava la congestión y deteriora la experiencia de los peatones y ciclistas.

Emisiones y calidad del aire

Las furgonetas de reparto diésel contribuyen significativamente a la contaminación atmosférica urbana. Según datos del Ayuntamiento de Madrid, el transporte de mercancías es responsable de aproximadamente el 40 % de las emisiones de NO₂ en el centro de la ciudad. Esta realidad entra en conflicto directo con los objetivos de las zonas de bajas emisiones y las metas climáticas europeas para 2030.

Expectativas del consumidor

El auge de las entregas en el mismo día y en franjas horarias específicas ha elevado las expectativas de los consumidores hasta niveles que dificultan la optimización de rutas. Cuando cada paquete tiene una ventana de entrega diferente, la consolidación de cargas se vuelve casi imposible y los vehículos circulan con cargas parciales, multiplicando los kilómetros recorridos por paquete entregado.

Soluciones que ya están transformando Madrid

Micro-hubs urbanos

Los micro-hubs son pequeños centros de consolidación situados dentro del perímetro urbano, muchas veces en locales comerciales reconvertidos o en aparcamientos subterráneos infrautilizados. Desde estos puntos, los paquetes se redistribuyen en vehículos ligeros de cero emisiones. Madrid ya cuenta con varios proyectos piloto de micro-hubs en distritos como Centro y Salamanca, reduciendo la distancia media de reparto a menos de dos kilómetros.

Bicicletas de carga y ciclogística

Las cargo bikes eléctricas son capaces de transportar hasta 250 kilogramos de mercancía y acceder a zonas peatonales y calles estrechas donde una furgoneta no puede entrar. En el centro histórico de Madrid, la ciclogística ha demostrado ser un 60 % más rápida que las furgonetas convencionales en horas punta, además de eliminar completamente las emisiones directas.

Flotas eléctricas y vehículos ligeros

La transición hacia furgonetas eléctricas y vehículos ligeros de reparto avanza con rapidez. Los nuevos modelos ofrecen autonomías superiores a los 200 kilómetros, más que suficientes para las rutas urbanas de última milla. Además, la infraestructura de carga nocturna en los centros logísticos permite que los vehículos comiencen cada jornada con la batería completa.

La última milla no es solo un problema logístico: es la frontera donde la eficiencia empresarial debe reconciliarse con la habitabilidad de las ciudades y la salud de sus habitantes.

El papel de la tecnología conectada

La optimización de la última milla depende cada vez más de la inteligencia artificial y los datos en tiempo real. Los algoritmos de enrutamiento dinámico permiten recalcular las rutas de reparto en función del tráfico, las incidencias y la disponibilidad de los destinatarios. Las plataformas de consolidación colaborativa agrupan envíos de distintas empresas en un mismo vehículo, maximizando la carga útil por kilómetro recorrido.

Los sensores IoT en las zonas de carga y descarga informan a los conductores sobre la disponibilidad de plazas en tiempo real, eliminando los minutos perdidos buscando aparcamiento. Y las taquillas inteligentes y puntos de recogida automatizados reducen los intentos fallidos de entrega, uno de los mayores generadores de viajes innecesarios.

La última milla no desaparecerá, pero su impacto en las ciudades puede reducirse drásticamente mediante la combinación de tecnología, infraestructura adaptada y regulación inteligente. Madrid tiene la oportunidad de convertirse en un referente europeo en movilidad de última milla si logra coordinar a los actores públicos y privados en torno a una visión compartida de ciudad sostenible y eficiente.