¿Será la bicicleta la mayor beneficiada de la crisis del COVID-19?

El coronavirus ha causado un fuerte incremento en el uso de la bicicleta para movernos. De repente, desplazarse en bicicleta se ha convertido en la forma más segura y conveniente de moverse por muchas ciudades, y las ciudades están respondiendo a eso tomando medidas para que sea más fácil su uso. Pero, cuando toda esta crisis termine ¿volveremos a dejar la bicicleta aparcada?

A medida que la crisis del coronavirus se fue expandiendo y cerrando algunos servicios de transporte público y sacando a tantos automóviles de las carreteras el aire de nuestras ciudades se fue volviendo más limpio que nunca, de repente el cielo se volvió azul, la seguridad y los espacios para ciclistas se vieron incrementado como nunca. En este contexto las bicicletas se han convertido en la herramienta adecuada para una pandemia, una forma de moverse rápidamente por las ciudades y hacer ejercicio mientras se mantiene a una distancia segura de los demás.

En muchas ciudades no solo de España, sino de todo el mundo se han cerrado algunos carriles de automóviles para darles más espacio a los ciclistas, o directamente se han creado carriles ciclistas nuevos donde antes no lo había. Los servicios de bicicletas compartidas han sido los primero servicios de movilidad en ponerse en marcha en las primeras fases de desescalada. Otro ejemplo de su importancia en esta pandemia lo podemos ver el Berlín, donde su servicio de bicicletas compartidas ha ofrecido temporalmente viajes de media hora gratuitos a todos los habitantes para poder hacer frente a las restricciones de movilidad en otros medios de transportes, y además, la ciudad rápidamente agregó nuevos carriles para bicicletas. En Filadelfia (EE. UU), el tráfico de bicicletas aumentó tan abruptamente en algunas áreas que la ciudad se vio obligada a cerrar temporalmente para los automóviles un tramo de una de sus calles principales. El uso de los servicios de bicicletas compartidas se duplicó en Chicago y aumentó considerablemente en Nueva York y Londres.

También durante la crisis sanitarias hemos podido ver como se han incrementado las acciones solidarias y en el sector de la bicicleta no ha sido menos, en Sevilla varias empresas de alquiler de bicicletas se han unido para crear la plataforma http://www.bicicletascovid-19.com , en la que ponen a disposición de los sanitarios y empleados de hospitales y centros de atención primaria sus flotas de bicicletas de manera gratuita. Esta idea ya había ido tomando forma en Madrid, Barcelona, Valencia y Zaragoza, y han querido también contar con Sevilla, fue una idea exportada de Italia.

Es posible que la pandemia actual conduzca a cambios permanentes en muchas facetas de nuestras vidas, incluso en la forma de relacionarnos y muy probablemente también en nuestros hábitos de movilidad. Esta pandemia ha servido para darnos cuenta de que las bicicletas se posicionan como un medio de transporte sostenible, rentable y confiable en un momento en que hay relativamente pocas opciones para realizar tareas bastante esenciales.

Un factor de impacto en el futuro de la movilidad dependerá de los nuevos hábitos de trabajo: si se mantiene gran parte del teletrabajo que las empresas se han visto obligadas a implementar el tráfico de automóviles y transporte publico podría caer de manera significante. Por ejemplo, en los Estados Unidos más del 75% se desplazan de forma individual con sus vehículos propios al trabajo. Con un menor impacto de las congestiones en los desplazamientos diarios, es fácil imaginar que las calles quedaran bastante mas despejadas en beneficio de un mayor espacio para peatones y bicicletas.

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¿La pregunta es, si es posible que esta experiencia de moverse en bicicleta convierta a algunas personas en ciclistas habituales? Algunos probablemente hayan desempolvado sus bicicletas después de muchos años sin utilizarlas, y ahora que caminar y andar en bicicleta se encuentran entre las pocas formas en la que hemos tenido oportunidad de movernos, la experiencia puede servir para darse cuenta de que quieren hacerlo más a menudo. Muchas personas que han hecho uso compartido del automóvil o del transporte público para llegar al trabajo han tenido que recurrir a las bicicletas para el cumplir con el distanciamiento social. También el uso de la bicicleta ha podido ser otro punto de inflexión para darse cuenta de que prefieren moverse en ellas para evitar la congestión y de paso hacer ejercicio. (Si esto sucede a gran escala, podría ser en detrimento de los sistemas de transportes como el metro, que ya se enfrentaban a problemas económicos antes de la crisis). A medida que algunas ciudades agregan carriles temporales para bicicletas y el tráfico de automóviles se ha visto reducido, esta crisis puede derivar en un incremento de estos carriles de forma permanente, con el resultado final de un mayor apoyo para la expansión permanente de los espacios para las bicicletas.

El mejor ejemplo de cómo una crisis puede cambiar drásticamente los hábitos de movilidad en un país podemos encontrarlo en los Países Bajos, donde la crisis del petróleo de la década de los 70 impulsaron una importante transformación en sus calles, donde pasaron de estar llenas de automóviles a dejar grandes espacios y plazas peatonales y transformar todo su entorno hacia una movilidad sostenible en bicicleta. Por aquel entonces, Ámsterdam no era muy diferente a cualquier gran cuidad congestionada por un intenso tráfico rodado, hoy día alrededor de dos tercios de los viajes ocurren se hacen en bicicletas, siendo un referente mundial en ese sentido.

En España, el Gobierno ha propuesto el uso de la bicicleta como medio de transporte alternativo, para evitar aglomeraciones durante la desescalada. Por su parte, la consejería de Transportes de Madrid ha anunciado que en los próximos meses, el transporte público viajará al 30% de su capacidad de ocupantes. En el caso del metro, donde antes podían ir cuatro viajeros por metro cuadrado, ahora solo podrá ir uno. Así, el 70% de los viajeros madrileños restantes tendrán que teletrabajar, estudiar online, utilizar el coche, o usar otro medio de transporte alternativo. Aquí es donde surge la bicicleta como opción de movilidad urbana.

En esta nueva etapa que se inicia con la desescalada del confinamiento, la normalidad será muy diferente a la anterior a la pandemia. En cuanto a movilidad urbana, se intuyen grandes cambios en los tiempos que se avecinan. Pero la respuesta a si las bicicletas se convertirán en un medio alternativo de transporte urbano o si al cabo de unos meses de gran demanda quedarán almacenadas en trasteros la dará el cómo sea la movilidad urbana en cada ciudad, y en las adaptaciones que se hagan para facilitar la inclusión de las bicicletas como medio de transporte masivo.

Fuentes: 1, 2,

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