La movilidad al trabajo: un reto pendiente.

La Dirección General de Tráfico junto al Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía han publicado un informe titulado “LA MOVILIDAD AL TRABAJO: UN RETO PENDIENTE” donde muestra con datos reales el estado actual de la movilidad al trabajo, la congestion, la accidentalidad entre otros. En el informe podemos encontrar multitud de datos muy interesantes, a continuación os dejamos unos breves fragmentos y aquí el informe al completo el cual podéis descargar desde aquí.

La dependencia del automóvil en los desplazamientos cotidianos.

El número medio de desplazamientos en un día cotidiano laboral superaron los 123 millones en 2007. Aproximadamente, un 83 % de la población realiza al menos un desplazamiento en día laborable, y el tiempo medio que se dedica es de 73 minutos. De estos, más de 123 millones, un 16 % (20,3 millones) correspondieron a viajes de ida al trabajo. Sin embargo, para obtener el número total de desplazamientos in itinere, se debe añadir también el número correspondiente de viajes de vuelta a la vivienda (sobre los 55 millones totales), cifra que ascendió aproximadamente a unos 16 millones. Así pues, el número de desplazamientos in itinere de los trabajadores nacionales en un día medio laborable (ida al trabajo más la vuelta al domicilio) es de unos 37,0 millones sobre el total de 123 millones, casi una tercera parte. En el marco del proyecto europeo E-Cosmos, en el año 2010 se llevó a cabo un estudio sobre la distribución modal de los trayectos casa-trabajo en España, Italia, Alemania y Bélgica. El resultado fue que un 63 % de dichos trayectos se realizaban en coche (con un solo pasajero), un 13 % en transporte público y un 20 % a pie o en bicicleta.

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España y Alemania, según este estudio, presentaban un alto índice de peatonalización, mientras que el uso del transporte público era similar en todos los países. El censo del año 2011 reveló también que, a nivel nacional, el 61,5 % de los desplazamientos al trabajo se realizaba en vehículo privado como coches o motos, el 17, 6 % en transporte público, el 16,8 % a pie, el 2,3 % en bicicleta y el 1,8 % de otros modos. El número de ocupados mayores de 16 años ascendía a 17,5 millones de personas, de las que el 90,1 % realizaba al menos un desplazamiento diario a su lugar del trabajo.

Entre los municipios mayores de 500.000 habitantes, destacaba la elevada tasa de uso del transporte público en Barcelona (39,6 %), y Madrid (42 %), y, en el extremo contrario, su escasa utilización en ciudades como Málaga (7 %), León (6,7 %) o Cáceres (6,5 %).

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LOS IMPACTOS DE LA MOVILIDAD INSOSTENIBLE

Un impacto para el bienestar y la economía de las personas.

Para los trabajadores, las congestiones de tráfico suponen también un impacto económico por el sobreconsumo de combustible, pero sobre todo una pérdida de la calidad de vida y el bienestar, ya que la duración de los desplazamientos reduce el tiempo de ocio y de descanso, y genera situaciones de estrés que llegan a afectar a la salud.

Todo ello implica que algunas de las mejoras que se consiguen mediante la negociación colectiva como, por ejemplo, la reducción del cómputo total de horas anuales laborables se acabe perdiendo en tiempo y dinero. El aumento continuado de los niveles de tráfico en España durante los últimos años provoca que los conductores pierdan cada año un gran número de horas en atascos. Los valores pueden llegar hasta las 119 horas en el caso de Barcelona (el equivalente a 14 días laborales) y las 105 en Madrid. Este tiempo se traduce, además, en un coste económico que supera los 175 millones de euros anuales para estas ciudades, y que alcanza los 840 millones de euros para el conjunto de empresas españolas. Si este tiempo laboral perdido se evalúa a escala colectiva, el impacto económico que se deriva adquiere cifras de una gran magnitud. La Comisión Europea calcula en alrededor de un 1 % del PIB de la Unión el valor de dicho impacto.

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La movilidad, un factor de riesgo laboral

Dado que muchos ciudadanos utilizan el automóvil privado en sus desplazamientos para ir y volver del trabajo, la movilidad cotidiana se ha convertido en un factor de riesgo laboral para centenares de miles de personas. Perder tiempo de descanso para evitar las congestiones habituales a la entrada de las grandes ciudades, soportar las condiciones de tensión y estrés de la conducción en horas punta o conducir con la preocupación de llegar tarde al trabajo o de no encontrar sitio para estacionar incrementan el riesgo de accidente al volante.

La movilidad in itinere supone, en efecto, unos niveles elevados de accidentalidad, hasta el punto de que los accidentes de tráfico se han convertido en una de las primeras causas de muerte por accidente laboral en España. Tras las patologías no traumáticas, los accidentes de tráfico representan la segunda causa de muerte por accidente laboral, además de seguir siendo la segunda causa no natural y la primera en el tramo de edades comprendida entre los 15 y 24 años.

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Un nivel de accidentalidad en aumento

Tras un descenso entre los años 2011 y 2013 (de 58.938 a 52.129), se produce un incremento significativo en el periodo siguiente (de 52.129 a 69.108), a medida que el número de desplazamientos también aumenta por el repunte económico. De estos 69.108 accidentes, 50.475 fueron in itinere (73 %) y 18.633 en jornada (27 %).  El número de accidentes mortales fue 202, el de graves 1.099, y el de leves 67.807. En el caso de la siniestralidad total en jornada, en 2017 los hombres sufrieron el 81,2 % de los accidentes (15.129), frente al 18,8 % de las mujeres (3.504); la media de edad fue de 37,3 años. En el caso de la siniestralidad total in itinere, los porcentajes fueron similares entre hombres y mujeres (52,0 % y 48,0 %, respectivamente); la media de edad fue de 37,8 años, un valor similar al anterior.

Los accidentes mortales en jornada los sufrieron en su práctica totalidad los hombres (80 de 82 en total, un 97,6 %), mientras que las mortales in itinere los hombres representaron el 75,0 % (90 de 120).

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La dependencia de los combustibles de origen fósil

El sector del transporte continúa dominando la demanda mundial de petróleo. Este sector presenta, además, una escasa diversificación energética, ya que continúa dominado por los combustibles fósiles a pesar de la creciente penetración de combustibles alternativos, en particular el gas natural y la electricidad. En Europa, este sector representa un tercio del consumo total de energía (33 %), y tres cuartas partes corresponden a la movilidad rodada. En España, es también el sector que más energía consume, con un 42 % del total (34.821 ktep en 2016), y el transporte por carretera, concretamente, representa el 79 % de este porcentaje; los combustibles fósiles satisfacen casi el 95 % del consumo, en su mayor parte gasóleo (un 82 % del total). Esto supone que España importe el 98 % de los combustibles fósiles que consume, (un 81 % en 1990) cifra muy superior a la media de la Unión Europea (alrededor del 65 %), y sitúa a nuestro país entre los diez estados miembros con una dependencia energética más elevada.

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Una tecnología altamente contaminante

El incremento de la demanda de movilidad, el uso de carburantes de origen fósil a gran escala y la elevada ineficiencia del motor de combustión interna, convierte al sector del transporte en uno de los principales emisores de compuestos y gases contaminantes en el mundo. El proceso de combustión, además de energía y calor, genera una mezcla de compuestos finales que se eliminan a través del tubo de escape. Algunos no son contaminantes y no afectan la salud humana como el nitrógeno (N2), el dióxido de carbono (CO2) y el vapor de agua, mientras que otros como los óxidos de nitrógeno (NOx), los hidrocarburos volátiles (benzopireno, benceno, tolueno…), el monóxido de carbono (CO) y las partículas sólidas de diferentes diámetros (PM2,5 o PM10) sí lo son y afectan la calidad del aire, especialmente en las ciudades, donde se concentra la población y un mayor número de vehículos.

El motor, además, por su manera de funcionar, no consume el combustible en su totalidad, por lo que se produce una combustión incompleta que suele incrementar la diversidad de compuestos liberados en los gases de escape. De todos estos compuestos, los óxidos de nitrógeno y las partículas son los más preocupantes en cuanto a los niveles actuales de contaminación del aire. Están asociados sobre todo a los motores diésel, cuya venta se ha visto favorecida en los últimos años

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Ver informe completo aquí

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