Los coches eléctricos se sienten abandonados

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Los vehículos eléctricos tienen cada vez más autonomía, pero el miedo a quedarse sin batería es una de las causas principales por las que sus ventas no terminan de despegar.

Para la gran mayoría de nuestros trayectos diarios, un vehículo eléctrico tiene autonomía suficiente, pero existen situaciones en las que contar con un punto de recarga público facilitaría estos contratiempos.

Los usuarios de vehículos eléctricos cuentan con puntos de recarga vinculados en su domicilio o empresa para su uso diario, y con puntos de recarga de oportunidad (en centros comerciales, hoteles, supermercados…), que pueden utilizar mientras realizan sus actividades.

Lamentablemente estos puntos no siempre están operativos, ya sea por la falta de civismo de otras personas que aparcan sus coches en las plazas destinadas a la recarga o bien por la falta de mantenimiento que tienes estos, por lo que al final los grandes perjudicados son los usuarios de estos vehículos alternativos.

Recientemente, ocho de las ciudades más importantes y grandes de Europa, incluyendo Madrid, se han asociado con la Comisión Europea para poner en marcha FREVUE, un proyecto que promueve la introducción de los vehículos eléctricos para el reparto de mercancías y soluciones innovadoras para la logística urbana, y en el que no se podrá avanzar si no se cuenta con las instalaciones de carga adecuadas. Gracias a este proyecto, los usuarios de vehículos eléctricos se beneficiaran de una red publica de puntos de recarga, pero el proyecto requiere de inversión y de la voluntad de las instituciones.

 España, a la cola de Europa

Diversos estudios demuestran que el desarrollo de la red de puntos de carga es determinante para la expansión del vehículo eléctrico. España se encuentra a la cola del ranking europeo -con 3,8 puntos de carga por cada 100.000 habitantes-, liderado por Noruega con 175 puntos, Países Bajos con 173,6 puntos, Suecia, con 36,2 puntos, Francia con 24,2 puntos y Alemania con 22 puntos.

Esa elevada dotación de infraestructura de los tres primeros países europeos, sumada a la concienciación medioambiental, menores costes de mantenimiento y ventajas fiscales añadidas, es la que explica su ventaja en la penetración del vehículo eléctrico, con un 36,7%, 2,7% y 5,2% del mercado, respectivamente.

Sin embargo, aunque en nuestro país ese porcentaje fue tan sólo del 0,6% en 2017, un reciente análisis de DBK apunta a que el despliegue de infraestructuras para la carga y la extensión de la autonomía de los próximos lanzamientos permitirán que el parque del motor eléctrico se multiplique por cinco en los próximos tres años hasta alcanzar las 116.800 unidades. Pero eso solo si el gobierno mueve ficha primero y comienza con la implantación de la red de puntos de carga,. Antes de que los coches circulen por las calles, debemos estar seguros de que podemos cargarlos.

 

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