Ni privacidad, ni propiedad.

Si compraste algo, lo posees. Si se rompe, lo arreglas. Si ya no lo quieres, lo vendes o lo reciclas. Este es el concepto clásico de posesión en propiedad. Algunas empresas encontraron trucos para fortalecerse con el mercado de accesorios, utilizando extensiones de garantías, servicios de reparaciones autorizados y empleando la famosa estrategia de la impresora; la venta de impresoras baratas y tintas muy costosas. Pero estas formas de exprimir las ganancias por parte de las empresas nunca desafiaron la naturaleza del significado de “propiedad”

Ni privacidad, ni propiedad.

En la era digital, el concepto de propiedad se ha vuelto muy difuso y resbaladizo. Solo pregúnteles a los conductores de Tesla, a los que la propia Tesla les prohíbe usar su modo autopilot de sus vehículos mientras ofrecen servicios de movilidad, como por ejemplo en Uber.

O a los propietarios de los tractores John Deere, a quienes se les “recomienda” que en caso de avería no intenten modificar el software que los controla en cualquier taller, a menos que sea un taller homologado por ellos mismos. Desde la llegada de los teléfonos inteligentes, los consumidores se han visto obligados a aceptar que no poseen el control del software en sus dispositivos; solo tienen una licencia para usarlo. Pero a medida que la corriente digital envuelve cada vez más a los dispositivos, ya sean automóviles, electrodomésticos e incluso juguetes, quién posee y quién controla estos objetos se está convirtiendo en un problema. Los compradores deben saber que algunos de sus derechos de propiedad más básicos están bajo amenaza, es decir; estamos en un estado de “propiedad condicionada”

Ni privacidad, ni propiedad.

Propiedad perdida.

Esta tendencia no siempre es perjudicial. Los fabricantes a veces tienen buenas razones para restringir el uso que hacen los propietarios con sus tecnologías, que cada vez son más complejas, su función es proteger sus derechos de autor, asegurarse de que sus máquinas no funcionen mal, mantener los estándares ambientales y evitar la piratería. A veces, las empresas utilizan su control sobre el software de un producto en beneficio de los propietarios. Cuando el huracán Irma azotó Florida, Tesla actualizó de manera remota el software que controla las baterías de algunos modelos para dotar a los propietarios más autonomía para escapar de la tormenta.

Pero a medida que las cadenas digitales abrazan a más bienes, más se desequilibra el control de estos bienes en beneficio de los productores y menos hacia los propietarios. Eso puede ser un inconveniente. Escoger un automóvil es bastante difícil, pero aún más difícil si descubres que ciertas especificaciones o condiciones de uso son limitadas. La inclusión de una mayor obsolescencia incorporada, también puede ser costosa. Desde  teléfonos inteligentes hasta las lavadoras ya se han vuelto extremadamente difíciles de reparar, lo que significa que se desechan en lugar de repararse.

La privacidad es algo que también se encuentra en serio peligro con la hiper-conectividad. Los usuarios se horrorizaron cuando se supo que iRobot, una aspiradora robótica, no solo limpia el suelo de nuestras casas sino que crea un mapa digital del interior de la casa  para posteriormente venderlos a los posible interesados. Standard Innovation, un fabricante de vibradores conectados llamados We-Vibe, recibió recientemente una multa y deben de pagar  $ 10,000 a cada uno de los después de que se descubrieran que el dispositivo estaba registrando información altamente personal sobre sus propietarios.

Ni privacidad, ni propiedad.

Tales intrusiones deberían de recordarles a las personas lo importancia de nuestros derechos de privacidad y propiedad.  Debemos de luchar por el derecho a decidir sobre nuestras propiedades, modificarlas si lo deseamos y controlar que datos privados pueden usar o no los fabricantes. En América, esta idea ya está tomando fuerza con el movimiento del “derecho a reparar”; legislaturas en una docena de estados están considerando consagrar esto en una ley. El Parlamento Europeo quiere que los fabricantes hagan que sus productos, como las lavadoras, sean más fáciles de reparar. En Francia, los fabricantes de electrodomésticos deben decir a los compradores cuánto tiempo previsto durará un dispositivo. Las autoridades deberían fomentar la competencia, por ejemplo, obligando que los talleres de reparación independientes tengan el mismo acceso a la información del producto, las piezas de repuesto y las herramientas de reparación que las del fabricante, reglas que ya son un estándar en la industria del automóvil.

La propiedad no está a punto de desaparecer, pero su significado como tal está cambiando. Los dispositivos, en general, se venden sobre la base de que facultan a las personas a hacer lo que quieran con ellos, pero en el momento en el que alguna de sus características son controladas por otra persona, esa libertad se ve comprometida.

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